...una película de cine: STOCKHOLM ...quién dijo que no se hace buen cine en España?...una película muy digna y con mucho talento.
trailer
filmaffinity
decine21
En una discoteca un chico se fija en una joven de cara triste, y sobre la marcha queda prendado de ella. A la salida él la espera y comienza entonces un continuo tira y afloja, una lucha por ligar con ella. La chica se niega a dar cova a ese extraño caradura, un ligón con alucinante desparpajo, pero el tipo no se dará por vencido.
A primera vista, no se puede decir que la propuesta de Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña sea lo que se dice original, pues responde a la premisa más vieja del mundo: chico conoce chica una noche, parlotean, ligan, se acuestan... y por la mañana el hechizo se ha esfumado. Sin embargo, la apuesta se convierte en arriesgada cuando consideramos los mínimos elementos con los que han contado. En primer lugar se trata de una película de dos únicos personajes, interpretados excelentemente por Javier Pereira (Heroína, No tengas miedo) y Aura Garrido (Planes para mañana, El cuerpo), dos actores que en un "tête à tête" continuo demuestran un gran dominio del oficio, un aguante magnífico de la cámara; la puesta en escena es de sencillez apabullante, realista, cotidiana; y la estructura responde a lo que pudiera ser una obra en cuatro actos –o escenas– separadas por sendos fundidos en negro.
A primera vista, no se puede decir que la propuesta de Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña sea lo que se dice original, pues responde a la premisa más vieja del mundo: chico conoce chica una noche, parlotean, ligan, se acuestan... y por la mañana el hechizo se ha esfumado. Sin embargo, la apuesta se convierte en arriesgada cuando consideramos los mínimos elementos con los que han contado. En primer lugar se trata de una película de dos únicos personajes, interpretados excelentemente por Javier Pereira (Heroína, No tengas miedo) y Aura Garrido (Planes para mañana, El cuerpo), dos actores que en un "tête à tête" continuo demuestran un gran dominio del oficio, un aguante magnífico de la cámara; la puesta en escena es de sencillez apabullante, realista, cotidiana; y la estructura responde a lo que pudiera ser una obra en cuatro actos –o escenas– separadas por sendos fundidos en negro.
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